La famosa y muy agresiva
cabecera del semanario ¡Pásmense ustedes! (infografía Miguel De |
El final del siglo XIX, con intereses en guerra luchando
en la calle y en las páginas de periódicos, entre sotanas y garrotes.
El
concejal avilesino avanzaba circunspecto, abatido, triste. Formaba parte de la
comitiva de un entierro y la ocasión sólo invitaba a mirar al suelo. Un par de
veces, nada más, levantó la mirada. En una de ellas divisó al por todos
conocido como director de El Vigía,
“semanario político-literario y de intereses morales y materiales”. No lo dudó
ni un instante. Rompió la formación, los ojos inyectados en sangre, y descargó su
mal humor y su bastón sobre la cabeza del asombrado director.
El
suceso y el bastón, caían allá por el mes de mayo de 1890, un suspiro antes de
la llegada del primer ferrocarril a Avilés. El concejal era conmilitón del
Marqués de Teverga, y por lo tanto partidario de la estación en Cantos,
mientras El Vigía y su director, defendían la causa contraria,
la de La Industria ,
en apoyo a Genaro de Llano Ponte, Marqués de Ferrera. Ya saben, la madre de
todas las batallas sociopolíticas en el Avilés contemporáneo.
El Diario de Avilés, defensor del
Marqués de Teverga, festejó durante meses el suceso de la agresión, calificando
de humorada la acción del concejal y de caricato al director de El Vigía, quien, decía El Diario, había provocado al regidor
publicando un suelto ofensivo y luego se había dejado agredir a cambio de cinco
duros. A muchos les parecía normal.
Avilés
vivía entonces a garrotazos. Al mes siguiente llegarían los de la famosa noche
de San Juan, en la que no faltaron concejales batiéndose a mamporro y
coscorrones. Algunos avilesinos echaban tanto humo como la primera locomotora,
cuyo recibimiento estaba trayendo más que palabras. Daba mucho que hablar y más
aún que escribir.
Aquí
quería llegar yo. A los escritos. Esos estallidos de violencia no eran otra
cosa que la erupción ocasional de una batalla de opinión que se libraba en el
ayuntamiento, en los gabinetes de los poderosos y, sobre todo, en la prensa. Los
medios de entonces eran la encuadernación de los intereses de algunos partidos
o caciques para influir en la menguada opinión pública, pues ese público que
podía leerlos se perdía entre el bosque de analfabetos que poblaban las calles
de Avilés.
Periódicos de
corto empeño nacían para apoyar causas contrarias con vehemencia, con violencia
y hasta con gracia. Así fue el enfrentamiento del El Trébole y el ¡Pásmense
Ustedes!
Nació el primero en agosto de 1891 a partir de “Vistazos”,
una sección de El Vigía. Estaba dirigido por Manuel Álvarez Ribera, a
quien El Diario siempre motejó como “Manín el hojalatero”,
considerándolo, mas que un periodista, un testaferro de los industriales
y de los partidarios del marqués de Ferrera. Medio año después, a partir de la
sección “Algo para todos”, de El Diario
de Avilés, apareció el Pásmense.
Brazo armado de una tropa de bizarros escritores a las órdenes de Laureano
Martínez. Prensa de combate. Era su razón de ser hostigar al Trébole con saña, con furia y hasta con cierta
grosería. Se subtitulaba “asombro dominical, domador
de genaristas” y lo encabezaba una viñeta que representaba a los dos personajes
sobre los que iba a descargar sus iras. Así la explicaba en el primer número:
“D. Genaro, que se cuela clandestinamente á vivir de
la yerba y pienso del ex_convento de La Merced , y pretende ser alcalde, para mejor piensar
de guagua. Su espíritu consejero, Mexaella, salpicada de la
bilis con que la peina un maricón, que, envidioso de la felicidad de sus
mismos parientes, siembra entre ellos la cizaña del encono y las rencillas”.
No hubo paños calientes. Su enfrentamiento era directo. El
ataque personal estaba a la orden del día. Todos sus escritos estaban bajo
seudónimo y hacían referencia a una fauna de motes y motejados que denominaban
“la farándula trebolaria”: Mexaella, Mámala, Genaro, Quemalatierra, Marinoni, Cagatintas, Xera, El Diplomático, El Señorito, Miguelete,
Peina, Colasa, Sidrini, Rey de los judíos, Landeta…
No se libraron ni las esposas de conocidas personas del bando contrario, como
le sucedió a la Doña Luisa
que encabezaba la viñeta, quien, habiendo hecho aguas menores en un portal en
ocasión de máxima necesidad, fue motejada en el periódico como Mexaella o Mexaportales, y cantada en coplillas como:
“Cuando Mexaella mea,
El maestruco
versea
por eso los versos del maestrín,
tienen tanto olor á orín”;
o:
“Una chata de
mi barrio
me ha meado en
el portal,
y si no me paga el daño,
llamaré a un
municipal
para que le
tape el caño”.
La polémica
alcanzó niveles tan peligrosos que llegó hasta los oídos del propio Obispo de
Oviedo, Ramón Martínez Vigil. Estaba el Obispo metido de hoz y coz en los
dictados de León XIII. Buscaba un mayor
acercamiento de la Iglesia
a la sociedad por diversos medios, también usando la prensa. Por eso habían de
sortearse las noticias embarazosas. Rondaba el peligro. El cura de Valliniello
ya se había visto retratado repetidas veces en las páginas del Pásmense, bien por caerse en plena calle
con demasiada frecuencia y turbios motivos o bien por dejarse utilizar por periodistas
enemigos y “fartones”. La cosa crecía a gran velocidad y el escándalo parecía
ir demasiado lejos. Los insultos bordeaban lo tolerable. Fray Ramón, pidió “la
tregua de Dios”, que ambos periódicos desaparecieran.
Y el ¡Pásmense
Ustedes! se suicidó por buen cristiano en mayo de 1892. Pero El Trébole
desoyó al Obispo, sobreviviendo hasta 1905, y no dejando de insinuar la
implicación del mismísimo prelado con el partido del marqués de Teverga. La ira
de Martinez Vigil, desde el Boletín del Obispado, cayó entonces sobre El Trébole prohibiendo “á todos los sacerdotes y demás clérigos del Arciprestazgo de Avilés,
que se subscriban, lean, retengan o fomenten de cualquier modo la lectura y
circulación de El Trébole, antes
procuren por los medios que su celo les sugiera quitarlo de las manos de los
fieles, para lo cual darán lectura a esta nuestra instrucción en la misa
popular del domingo inmediato á su recepción”. Los malos hábitos de la prensa
habían provocado la entrada de los otros hábitos en ella.
Y hay quien dice que ahora asistimos a una
guerra de medios. Vean como era aquel Avilés de garrotes, libelos y obispos
metidos a censores de prensa, comparen, y ¡Pásmense ustedes!
Publicado en La Nueva España, 3-VI-2012.
Información sobre este período y otros de la historia de la prensa avilesina puede encontrarse en estos libros de Juan Carlos De la Madrid:
Información sobre este período y otros de la historia de la prensa avilesina puede encontrarse en estos libros de Juan Carlos De la Madrid:
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